Nadie jode con Floyd Mayweather
Tan sólo habían pasado unas pocas horas desde que el combate había tenido lugar. Todo el mundo que había asistido al ring a ver a los dos púgiles se dirigía hacia su casa comentando la polémica de dicho combate.
“¡Mayweather es un sucio y un traidor! El árbitro debería haberle descalificado y dar la victoria a Ortiz.” –decían algunos. – “¡No, no, no! Ortiz se lo merece por dormirse en los laureles. Mayweather estaba en todo su derecho de golpear a Ortiz, el árbitro ya había reanudado la pelea. Mayweather no es un tramposo, ha sido un justo vencedor aprovechando el error de su rival.” – contestaba otro. – “Mayweather no es más que un bujarra, que se deje de abrazos y de besuqueos y que pelee, que es lo que tiene que hacer.” – apuntaba un tercero.
Sin embargo, lejos de toda esa muchedumbre de verborrea fácil, a kilómetros de distancia, en un bar de carretera, se encontraba nuestro amigo Mayweather sentado solo a una mesa, con gafas y sombrero, derrochando estilo, algo típico en él, frente a una copa de whisky del caro, mientras fumaba un cigarrillo. No llamaba demasiado la atención, y menos en un bar como aquél, al que sólo solían ir borrachos, acabados, divorciados, parados y demás gentuza con mucho tiempo libre. Pero en esta ocasión se encontraba totalmente vacío a excepción del camarero y de un hombre en la otra punta del bar, sin levantar la vista de su periódico.
De pronto la puerta se abrió y entró un hombre en gabardina. Afuera llovía a cántaros. El individuo entró con gesto sobrio y se dirigió a la barra. Pidió un vaso de agua. Al recogerlo, se dirigió hacia la mesa de Floyd Mayweather, se quitó la gabardina y tomó asiento frente a él.
-Llegas tarde. –dijo Mayweather.
-Lo bueno se hace esperar. – contestó el otro.
En efecto, se trataba de Víctor Ortiz, su compañero de profesión. Se miraron fijamente durante unos segundos para finalmente acabar esbozando ambos una gran sonrisa.
-¿Te duele el golpe?
-Me diste bien fuerte. – respondió Víctor.
-Tenía que parecer creíble – añadió Mayweather – además, soy el campeón del mundo. ¿Qué coño quieres? Yo siempre pego fuerte.
-Siempre tan arrogante…
-¿Sólo bebes agua? ¿ No te tomas una copa ni en ocasiones especiales como ésta?
-Intento cuidarme. Tú deberías hacer lo mismo.
-A la mierda el cuidarse. Soy el campeón del mundo. Mi estilo de vida es vivir la dolce vita.
Hubo una pequeña pausa de 30 segundos en la que ninguno dijo ni hizo nada, salvo beber su copa. Daba la impresión de que ambos deseaban que aquello terminara cuanto antes. Entonces, Ortiz no pudo contener más su prisa y su exaltación.
-¿Trajiste la plata?
Mayweather bebió un trago antes de responder. Se terminó su copa.
-La tengo en el coche. –respondió. – Espera aquí 5 minutos y la tendrás.
Se levantó de su asiento y antes de dirigirse hacia su coche contempló a Ortiz, quien se encontraba sentado mirándole, le agarró del cuello de forma cariñosa y le dijo:
-Eres una gran persona. Una gran persona y un gran boxeador.
Ortiz sonrío y le devolvió el cumplido. Tras esto, Mayweather desapareció por la puerta.
Aquellos 5 minutos se le hicieron eternos a Ortiz. Le dio tiempo a terminarse su vaso de agua y a pensar en lo que haría con el dinero de la pelea amañada que acababa de perder tras pactarlo con Floyd Mayweather. Cosas de la vida.
En aquellos instantes el hombre del periódico se había levantado de su asiento. Ortiz lo observaba. Se dirigía a la salida. Entonces Ortiz lo entendió todo. Nadie jode con Floyd Mayweather. Pero ya era demasiado tarde. Aquel hombre sacó su pistola con silenciador y acertó en la cabeza del púgil. Salió del bar con total naturalidad. Afuera estaba Floyd Mayweather en su coche observando. El hombre se dirigió hacia el coche. Floyd bajó la ventanilla.
-Deuda saldada señor Mayweather. Está muerto.
-Lo siento mucho. Era un buen tío. Y en lo que a ti y a mí respecta, estamos en paz.
Subió la ventanilla y su coche se perdió entre la niebla. Una gran promesa acababa de morir asesinada. Posiblemente era el chaval que le quitaría el título de campeón mundial a Mayweather al cabo de un par de años, cuando éste ya estuviera decayendo. Pero ya no lo sería.
Mayweather puso la radio. Hablaban de su victoria. El púgil esbozó una media sonrisa.
“Nadie jode con Mayweather.” Dijo en voz alta. “Nadie jode con Floyd Mayweather.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario