miércoles, 9 de noviembre de 2011

Dirty Love


Dirty Love

Kael la miraba fijamente a los ojos, sin apartar la vista ni un solo segundo. Costaba aguantarle la mirada. Tenía la capacidad de hacerte sentir como si estuviera riéndose de ti a pesar de estar con cara seria. Cara de poderío, de asesino despiadado. Cara de poder hacerte sufrir sin ni siquiera tocarte. Cada segundo de esa mirada era una puñalada.
Se encontraban en algo así como un sótano, una habitación con sofás, mesa, televisión, y sobre todo mucho desorden. Era o bien un local, o la casa de alguien que vivía muy ajetreado. La pequeña y valiente Yasmín, a pesar de hacérsele imposible controlar las lágrimas, le aguantaba la mirada a ese hijo de puta sin escrúpulos.

Kael le quitó a la niña el pañuelo que le cubría la cara de nariz para abajo, ahora la pequeña ya podía hablar y respirar sin dificultad. Se encontraba atada a una silla. Él se encontraba en frente, a un metro, sentado en una silla colocada del revés. El hombre se acarició la barba de dos días y se rió. Llevaba el pelo largo y ligeramente rizado, lucía barba de dos o tres días, que al ser medio moro, le favorecía intensamente. Tenía las facciones muy marcadas, y también rasgos moriscos, pero no exagerados; lo normal para alguien de padre argelino y madre española. Era un hombre atractivo. Además de ese mestizaje de razas y su metro ochenta y cinco, la mirada penetrante que tenía era su fuerte. Así era como había seducido a cientos de mujeres a lo largo de su vida.

Tenía una mirada que era imposible que te dejase indiferente, una de esas miradas que cuando se cruzan con tus ojos en la calle, en una fiesta, o en un supermercado, hacen que te sientas desnudo, que sientas que la otra persona puede conocer todo sobre ti en tan sólo un segundo: cómo piensas, cómo actúas y hasta lo que estás pensando en ese preciso instante. ¿Un hijo de puta? Tal vez. Pero era la vida la que le había llevado hasta esa situación, la que le había hecho ser así. Hubo un día en el que Kael tenía un gran corazón. Pero las consecuencias de una vida perra, muy perra, desgraciadamente lo habían transformado.

Parecía un traficante, un proxeneta, un delincuente. Parecía todo eso sencillamente porque lo era, así de simple.

Kael dio un respiro a la niña y de paso a sí mismo. Apartó por primera vez la vista de Yasmín y se mordió las uñas de la mano izquierda. Estaba cansado.
Suspiró y buscó su cartera en el bolsillo derecho de la chupa de cuero negro que lucía. La sacó, la abrió y sacó una bolsita con polvo blanco. Se puso una raya ante los ojos de la niña. La juntó y enderezó con su tarjeta VISA. Se la esnifó rápido y sin inmutarse, sin demasiada floritura. Estaba acostumbrado.

Movió la nariz y la mandíbula hacia los costados, se pasó la lengua por las encías y volvió a mirar a la niña. Yasmín era una niña árabe monísima, con unos preciosos ojos color verde esmeralda, pelo largo y suave, color negro azabache, piel marrón claro y adornada con un lunar a pocos centímetros por encima de la parte derecha de su labio superior. Sus padres habían muerto en la guerra de Irak y una ONG española de niños huérfanos la llevaron a Madrid para ponerla en adopción. Había vivido dos años en Madrid, en los que había aprendido a hablar español perfectamente. Aún no había sido adoptada, pero gracias a la corrupción de las mafias de prostitución infantil, que lo controlan casi todo oriente medio, allí se encontraba Yasmín.
– ¡Hola! Dijo Kael. Sonrió. ¿Tú eres Yasmín, verdad?
Tras un largo silencio…
–A ver preciosa, ¿qué sabes sobre prostitución? Hablaba sin acento magrebí, llevaba sus treinta y tres años de vida viviendo en el barrio de Aluche, que era donde vivían los inmigrantes y sus familias en Madrid y tenía el acento pillado.
La pequeña tardó un rato en responder, debido a su respiración acelerada y voz entrecortada.
–Tengo doce años. Sé todo lo que hay que saber acerca de la prostitución.
– ¡Bien! Jaja ¡Perfecto! Así me ahorro un ratillo de explicación. Hizo una pausa y siguió. Me llamo Kael, ¿de acuerdo, bonita? Tú y yo vamos a ser amigos. Yo nunca te voy a tocar, ¿de acuerdo? Seré un hijo de puta en muchas cosas pero no tengo entrañas como para follarme a una niña, ¿sabes? Palabra de Kael. Y eso que eres realmente preciosa… Pero lo único que voy a hacer es ser tu jefe, decirte con quién tienes que ir y qué tienes que hacer. ¿Entiendes? ¿Es fácil verdad?
–No me das ningún miedo hijo de puta, tú no tienes ni idea de por lo que yo he pasado. No sería la primera vez que un adulto abusa de mí. Los soldados estadounidenses nos violaron a mí  y a mi madre ante de los ojos de mi padre. Luego yo huí y a ellos los mataron.
Por un momento Kael se ablandó. Su mirada ya no era la del principio. Esa niña había dicho más de la cuenta. ¿Por qué no había podido omitir aquello? Había podido sentir su dolor. Él también era huérfano. Su padre fue asesinado por temas de tráfico de drogas cuando él sólo era un crío y su madre había muerto de Sida en los ochenta. Encendió un Chester y miró a la niña.
–Lo siento. No lo sabía.
La niña gimió y derramó una lágrima.
– ¡Joder! Gritó Kael echándose la bronca a sí mismo. Se puso otra raya y la engulló con la tocha. Mira, yo también sé lo que es el dolor de crecer sin padres. Siento que te estés viendo envuelta en esto, pero en la residencia esa de huérfanos no te adoptará nadie. Olvídate de ese centro. Yo puedo enseñarte cómo hacer dinero, puedo enseñarte a buscarte el pan por tu cuenta.
La niña empezó a llorar un poco más intensamente.

Ni a él mismo le sonaron bien esas palabras. ¿Qué coño estaba haciendo? ¿Le estaba vendiendo a esa niñita que podía darle una vida mejor? ¿Ser algo así como su nuevo padre? ¿De verdad? ¿Haciendo dinero a su costa y prostituyéndola? Puta cocaína, putas rayas… le estaban dejando el coco hecho un auténtico lío, ¡un auténtico lío! Antes nunca habría dudado en prostituir a una niña… su dinero era lo primero. ¿Por qué con ésta sí? ¿Qué demonios tenía? ¿Se apiadaba de ella y de su desgraciada vida? ¿O qué? ¿Se sentía identificado con ella? ¿Qué si no?

Se levantó y le desató las manos y los pies de la silla.  Ayudó a la niña a levantarse. Le llegaba por la altura del obligo. Dios… era sólo una niña, debería estar jugando con sus amigas en el parque, hablando de los chicos de su clase, riendo, imaginando, soñando… no poniéndose de rodillas para cincuentones puteros y pedófilos babosos. No debería conocer el tacto o el sabor de una polla, pero la pobre ya lo conocía, y a partir de ahora iba a conocerlo mejor que nadie. No había derecho. Puto mundo de mierda. El corazón de Kael, después de muchos años, parecía que, aunque sólo fuera un poco, volvía a latir como antes.
Cogió a la niña por el rostro, la acercó hacia su cara y la miró a sus preciosos ojos verdes.
–Te sacaré de aquí. Le dijo. Palabra de Kael. Había bondad en su mirada y la niña lo sabía.

¿Qué coño iban a decir los que eran sus socios en este negocio? Los que le cubrían las espaldas, le facilitaban clientes, le suministraban niñas… Kael hacía el trabajo sucio, algo así como el contacto entre el chulo y el cliente. Luego sus jefes le daban su parte del pastel, auténticos peces gordos. Así funcionaban las cosas. Le habían conseguido a esa niña tan bonita para que él la explotara y luego cobrar parte de los beneficios. No podía liberarla, era imposible, no le pertenecía.

Sonó el móvil; era un cliente habitual de sus putas. Kael no contestó.
–No te preocupes. Le dijo a Yasmín. Lo único que tengo que hacer es pensar a donde llevarte antes de que mis jefes te vuelvan a coger. La niña iba entendiendo de qué iba el asunto.
El móvil volvió a sonar. Esta vez se trataba de uno de sus jefes, un capo. Tenía que contestar a la fuerza, se encontraba en posesión de una niñita que les pertenecía a ellos. Doce añitos, una auténtica joya. Si no respondía lo lincharían. Esa gente que controla las redes de prostitución infantil no se anda con tonterías, no dudan un segundo cuando es su dinero el que está en juego.
–Dime Montoya.
–Me ha llamado Óscar Valdés, dice que no contestas. ¿Qué diablos te pasa? ¿Estás gilipollas? Es uno de nuestros mejores clientes, no le hagas esperar. No me jodas. Hablaba con acento sudamericano. Montoya era un magnate de las mafias venezolanas residentes en España.
–Lo siento, es que estaba ocupado y no he podido contestar al móvil porque…
–Me importa una mierda. Valdés quiere probar a la niña. Llévala ahora mismo a su mansión, y hazlo en menos de media hora, ¡¿estamos?!
–Sí, sí, ningún problema, ahora mismo voy.

Colgó y miró a la niña. Esos tristes ojos verdes le rompían el corazón. Pero, ¿qué podía hacer? Era la niña o él. Tenía que alejarla de allí lo antes posible. ¿O no? ¿O quizás debiera hacer el trabajo sucio y salvar su culo?
–Ven conmigo pequeña, te llevaré a un lugar seguro. Concluyó Kael.
Cogió el coche y sentó a la niña en el asiento de copiloto. Empezó a conducir con rapidez hasta que, ya en las afueras, aparcó el coche en frente de una gran villa.
–Ven, bájate. Aquí vive un gran amigo mío. Te tratarán bien, créeme. Él te cuidara. Te quedarás en su casa hasta que todo se arregle, volveré a buscarte en cuanto pueda, y ya pensaremos en algo ¿de acuerdo? Palabra de Kael.
La niña sonrió y abrazó a Kael. Sin otra elección, se bajó del coche y Kael la llevó de la mano hasta el porche, tocó el timbre, la puerta se abrió y Kael la metió dentro. Volvió a su coche con inquietud y se puso otra raya en el salpicadero.

En efecto, esa no era en absoluto la casa de ningún amigo suyo, sino la mansión de Óscar Valdés, el putero millonario con el que debía enviar a Yasmín esa misma noche. Pobre niña, qué ilusa… ¿Acaso tenía Kael pinta de tener amigos con esas casas? ¿Quién se creía eso? Si no era más que un ratero de barrio…
“¿Te tratarán bien?”… Sí, claro… te van a llevar de crucero por Grecia una semana y a invitarte a puto marisco… no te jode… Pobre Yasmín. Maldita su inocencia.
¿Cómo coño había sido capaz de engañar así a esa pobre niña? ¿Cómo había tenido la crueldad de mandar a esa inocente ricura a manos de un puerco que sabe Dios lo que haría con ella? No quería ni imaginarlo. ¿Cómo había traicionado a la llamada de su corazón que le incitaba a salvarla? ¿Por qué?

Quizás hubiera sido por salvar su pellejo, algo comprensible, ¿no? Quizás lo hubiera hecho porque estaba asustado. O quizás lo había hecho por amor ¿Por amor? Sí, por amor; amor del sucio. Amor por el dinero, lo que mueve el mundo. Amor por el sucio dinero. Dirty Love.
Kael cobró el cheque a la mañana siguiente.

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